Pablo Cordero Fotógrafo en Madrid y Guadalupe

Mi particular deja-vu

 

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Los días en los que no me siento vulnerable, me asusto, porque son los días en los que puedo cometer lo errores más grandes. De hecho, en una época en la que me sentía poco menos que invencible, me hicieron morder el polvo de forma que nunca más pude erguir tanto la cabeza de orgullo como antes. De todo se aprende, claro. Y si no aprendiese de esas cosas, sería un necio… un necio vulnerable. Pero también sé que -por basarme en tópicos- el hombre es el único bicho que tropieza dos veces en la misma piedra y claro, el miedo a que vuelva a ocurrir me hace sentir vulnerable y a la vez me protege. Me mantiene en alerta, lo cual no quiere decir que me vaya a salvar al cien por cien. Tampoco vivo en una situación de estrés continuo, ni mucho menos. Es solo esa sensación de incertidumbre que nos hace tocar con los pies en el suelo cada día.

Siento algo parecido con estas fotografías. Las tomé perfectamente consciente de lo que sentía al hacerlo. No podía distinguir al cien por cien detrás de qué ola se encontraba el horizonte, ni cuando el mar se segregaba del cielo, ni de la tierra. Más bien al contrario, no podía distinguir cielo, mar y tierra. Sabía que me encontraba en los tres medios a la vez, sobre la tierra, bañado en el mar y respirando el aire, pero los miraba y a la vez no los veía. Sentía esa incertidumbre, esa vulnerabilidad que me empequeñecía y a la vez no podía dejar de estar firmemente en pie, balanceado por las olas, pero sin perder el equilibrio y respirando el oxígeno que me mantiene vivo. Al final, en armonía con los elementos en los que me encontraba.

La metáfora es muy obvia, muy visual en estas fotos. Pero es que muchas veces sientes como un deja-vu que no tiene nada que ver en un primer momento con el recuerdo que viene a la cabeza o al corazón, pero luego la imagen se hace fuerte y cobra sentido total. A veces pienso que términos como “fotografía emocional” son chorradas que se utilizan para vender fotos de familia, pero te das cuenta con el tiempo que una fotografía, un álbum de fotos, pueden hacerte recordar momentos, sensaciones o sabores. Que no hay una fotografía mala o buena, si no una fotografía que nos llegue al corazón o que nos resulte superflua.

Seguro que todos tenéis una foto especial, alguna imagen que os haga volver a una situación ya pasada, que os recuerde a alguien, algún olor… cada vez que me encierro en mi pequeño laboratorio, por ejemplo, los olores del revelador, el baño de paro o el fijador, me recuerda mucho a mis chicas, Leti y Laura. Es un ejemplo a la inversa, un olor que me trae un recuerdo fotográfico.

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